PRESIÓN SOCIAL Y LIPOSUCCIÓN

Los cánones de belleza han ido cambiando a lo largo de los siglos. En la actualidad nos encontramos con un ideal de belleza femenino extremadamente delgado, con pocas curvas, en los que la grasa es inexistente. Muchas de las modelos que sirven actualmente como ejemplo del cuerpo que las mujeres deberíamos tener son adolescentes de delgadez extrema y aspecto frágil y enfermizo. Estos modelos no tienen en cuenta la realidad de la figura femenina. Las hormonas de las mujeres hacen que la grasa se acumule en abdomen, glúteos y caderas, formando una silueta llena de curvas que no tiene por qué confundirse con obesidad o falta de atractivo. De hecho, durante muchas épocas de la historia las curvas femeninas han sido sinónimo de belleza y han resultado atractivas para los hombres. Sin embargo, en la actualidad, se nos intenta vender que esa figura normal no es atractiva y que debemos tender a una figura recta y totalmente carente de grasa.

Debemos tener en cuenta, además, que los medios de comunicación que tenemos en la actualidad hacen que nos encontremos bombardeados continuamente con esos modelos erróneos. El cine, la televisión y las revistas nos enseñan todos los días a esas modelos a las que “debemos” parecernos para ser consideradas bellas y socialmente aceptadas. Incluso en Internet se pueden encontrar foros y blogs de jóvenes con trastornos alimentarios que se reúnen para compartir consejos, dietas y trampas que les permitan lograr su objetivo de estar más y más delgadas.

En los últimos años, también los hombres han empezado a sentir esa presión social sobre su aspecto físico. A ellos no se les exige una delgadez extrema pero su cuerpo también debe ser fibroso, sin la más mínima huella de grasa superflua.

La grasa está “mal vista”, es sinónimo de dejadez, de falta de voluntad, de desgana y despreocupación por nuestro aspecto y por la opinión de los demás. Estas afirmaciones pueden parecer exageradas pero hay estudios científicos que demuestran que las personas obesas son peor consideradas socialmente y que se les niegan oportunidades incluso en los ámbitos académicos y laborales.

Ante esta presión social, las personas intentamos mejorar nuestro aspecto y la cirugía estética ofrece resultados rápidos y satisfactorios. La liposucción nos ofrece la eliminación de la grasa acumulada en zonas problemáticas, como el abdomen, los glúteos y las caderas, y nos ayuda a lucir un aspecto más firme y una silueta más atractiva y bien definida. Es por ello que muchas personas deciden someterse a esta operación, buscando un físico más acorde a las necesidades que la sociedad actual nos impone.

Podemos decir que la liposucción es una gran ayuda para estas personas, siempre que seamos conscientes de hasta qué punto necesitamos someternos a esa operación y si realmente lo deseamos por nosotros mismos. Intentar encajar en la sociedad y ser aceptado por los demás es positivo siempre que eso no anule nuestra personalidad. Si somos capaces de evaluar nuestros deseos y necesidades, escuchando nuestra propia opinión y decidiendo libremente, la liposucción puede ser una herramienta que nos ayude a sentirnos mejor con nosotros mismos. Si, por el contrario, nos dejamos llevar por las modas y las opiniones de los demás sin escuchar nuestra voz interior, estaremos convirtiéndonos en esclavos.

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